Sentado en el cuerno bajo la luna

Enviado por ENAE, el 05/01/2011 - 01:00
Manuel Robles Mivas

Por Manuel Robles Miras. Analista de Sistemas y director del Curso Superior de Gestión de Pymes de ENAE, además de creador de TRAMA (Trade and Marketing online game).

Por diversas circunstancias, en más de una ocasión he tenido que sentarme en el cuerno bajo de la luna; observatorio que, recomiendo con entusiasmo a pesar de las dificultades y de los riesgos que tienen que asumirse. Sentado en ese lugar las luces bajas no impiden ver las altas, y las largas distancias hacen que lo próximo, incluso lo íntimo, se vea con claridad; siempre, claro está, que estemos dispuestos a mirar.

Si no es así, es tontería subir. Además, y esto es lo más complicado, una parte de nosotros: la que se mueve, la que habla, la que manda, la que obedece, la que se relaciona, la que mercadea, la que etcetera... En resumidas cuentas, la que tiene la capacidad de actuar, hay que dejarla abajo y ha de ser también observable por la parte que ha subido.

¿Y esto cómo se hace?, quizás se esté preguntando usted. Bien, puede esperar a que alguna circunstancia le señale el camino (que, por cierto, no suelen hacerlo de una manera muy amable que digamos), o por la vía de: el que la sigue la consigue, camino duro donde los haya, pero mucho más rico en toda clase de: ¡Mira tú por dónde!, ¡Quién lo iba a pensar!, ¡Fíjate qué cosas!, ¡Hay que ver cómo somos!, etc.

Incluso, si uno se fija bien durante el trayecto, pueden surgir los: ¿Es posible que yo…?, ¡Y yo que creía que lo hacía por…! y otros yos con reveladoras sorpresas. Una vez que se alcanza el cuerno, aunque parezca mentira, hasta se puede llegar a deducciones muy claras, o a interrogantes perfectamente estructuradas, sobre aspectos muy intrincados de las distintas áreas del conocimiento humano (económica, gramatical, científica…), como, por ejemplo, a la de que, si uno ya está casado, o no tiene intenciones de hacerlo ni a medio ni a largo plazo, lo más rentable es distanciarse de los amigos que aún permanezcan solteros.

Es más, hay quien ha llegado a preguntarse: si hay minúsculas y mayúsculas, ¿dónde están las letras normales? Y no es broma; yo conozco a uno que ha logrado alcanzar ese nivel, del cual también forma parte esta otra interrogante: ¿Por qué, te pongas donde te pongas, hay tantos y tantos fotografiados que no dejan de mirarte a la cara? Si yo, delante de una foto, me pongo, por ejemplo, en la posición A, y me están mirando a la cara, si me muevo, por ejemplo, a la posición B, ¿por qué no siguen mirando hacia la posición A, donde yo estaba antes? Esto tiene su calaó. Más de uno y de dos deberíamos de prestarle más atención a estas cosas, a estos seguimientos.

Lo que da un poco de pena es encontrarse en el cuerno bajo la luna con personas que, tras el  enorme esfuerzo que han tenido que hacer para llegar hasta allí, sólo ven o deducen cosas como la de… lo ligero e intrascendente que es la mayor parte de lo que tenemos y nos rodea; o la de que, cuánto más hablamos de nuestros logros, virtudes y habilidades, menos nos valoran los demás; o la de que todos tenemos la tendencia a ocultar aquello que nos pueda perjudicar, con los efectos tan demoledores que esto tiene en todo tipo de organizaciones;  o la de que se nos conoce mucho más por lo callado y dejado de hacer, que por lo dicho y hecho…

En fin, una pena, ya que todo esto, a nada que nos fijemos un poco, se puede ver o deducir aquí abajo, no hace falta sentarse en el cuerno bajo de la luna. Ah, en Navidad no conviene subir; todo se distorsiona, todo parece mucho más amable de lo que es en realidad. Debe ser por lo de las lucecitas.